Niños vulnerables son protegidos en “Nuestros Pequeños Hermanos”

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SAN PEDRO DE MACORÍS.-  “Creemos que cada niño necesita una familia. Ya sea que vivan en nuestra comunidad con un familiar o en uno de nuestros hogares y nos esforzamos por darles lo mejor de la familia: amor, seguridad, alimentación, atención médica y educación, lo cual les ayudará a construir su futuro”.

Así define Nuestros Pequeños Hermanos (NPH) la labor que realizan en favor de los niños en condiciones de riesgo o vulnerables en esta organización, diseñada para parecerse a un pequeño pueblo, en la carretera Ramón Santana, frente al Batey Nuevo, en San Pedro de Macorís.

Su historia en República Dominicana empezó a escribirse en enero de 2003, cuando comenzaron a operar con siete niños en una casa alquilada en San Pedro de Macorís. Gracias a un benefactor se compró una gran parcela de tierra, de unos 200 mil metros cuadrados, y se iniciaron las labores de construcción de la Casa Santa Ana, terminada en 2005, donde hoy más 450 niños son beneficiados en sus distintos programas.

Pilares
El compartir amor, seguridad, responsabilidad, trabajo, fe y servicio son los principios fundamentales que su fundador, el padre William Wasson, convirtió en los pilares que han sostenido el trabajo que realiza su director, Kieran Rigney, junto con un personal de más de 90 colaboradores.

Nuestros Pequeños Hermanos cuenta con programas íntegros de educación, cuidados médicos y formación espiritual, con los cuales, indica su director, niños y adolescentes tienen la oportunidad de “desarrollar su potencial humano y así poder formar un futuro mejor para ellos, sus familias y sus comunidades”.

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Un pueblo para niños
Sus terrenos, situados alrededor de una población vulnerable en San Pedro de Macorís, constan de dos edificios escolares, casa de voluntarios y visitantes, edificio de administración, capilla, cocina central, clínica, dos casas más pequeñas de visitantes y cuatro viviendas para el personal. La propiedad también incluye varias zonas para el cultivo, granja, invernaderos, parques infantiles, jardines, cancha de baloncesto y sus propios campos de béisbol y fútbol.

También en esta propiedad se encuentra la Casa San Marcos-Marco Simoncelli, diseñada para satisfacer las carencias de los niños con necesidades especiales, sobre todo aquellos en sillas de ruedas, lo suficientemente grande para albergar hasta 20 niños y a sus cuidadores.

De acuerdo al director Rigney, la cercanía con los bateyes ha permitido que “nuestra familia ayude verdaderamente a la población más vulnerable”

De acuerdo a Rigney, una de sus fortalezas es contar con un programa de voluntarios establecido para profesionales interesados en dedicar su tiempo y amor a los niños de este hogar. Cualquier información en el correo: fr.do@nph.org y el teléfono 829-380-2197.

Diferenciación

Los niños que viven en sus hogares no están disponibles para adopción, en su lugar, son bienvenidos con sus hermanos, hasta con sus padres, para formar parte de un entorno familiar estable, dándoles la oportunidad de enfocarse en su educación y crecimiento personal, pues siempre habrá un sistema de apoyo cariñoso para ellos.

Otro sello distintivo de NPH es que no se les pide a los niños que dejen los programas a la edad de 18 años, como en las demás instituciones o programas gubernamentales. Con la finalidad de que sus niños aprendan una labor, se creó su Escuela Vocacional, donde cuentan con un programa de talleres y cursos de ebanistería, belleza y zapatería.

La historia
En 1954, un niño fue sorprendido con una caja de limosnas de una parroquia en Cuernavaca, Morelos, México. Un joven sacerdote de los Estados Unidos, padre William Wasson, no estuvo dispuesto a presentar cargos contra el joven, en su lugar pidió su custodia. Una semana después el juez le mandó ocho muchachos más desamparados. Al final del año ya había 32 niños, y así nació “Nuestros Pequeños Hermanos”.

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Mil niños.
Se han criado en las casas que operan en México, Honduras, Haití, Nicaragua, Guatemala, El Salvador, República Dominicana, Perú y Bolivia.

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